La rabia presidencial
Editorial Diario Río Negro
Que el "modelo" reivindicado por el gobierno y sus partidarios está en problemas ya no admite discusión. El jueves pasado la mismísima presidenta Cristina Fernández de Kirchner se encargó de subrayar esta realidad deprimente con palabras que, de haberlas pronunciado algunas semanas antes un "neoliberal" u "ortodoxo", hubiera repudiado con su vehemencia habitual. En un acto que se celebró en la Casa Rosada para repartir certificados del Programa del Bicentenario en que se entregan créditos subsidiados a empresas seleccionadas, Cristina habló de la necesidad urgente de "apuntalar las inversiones", reconoció que se viene un "momento muy difícil", confesó tener "rabia por las cosas que escucha", sobre todo por reclamos sindicales que en su opinión son "insensatos", cuando no "alocados", se quejó nuevamente de la conducta del resto del mundo que "se nos cayó encima" y exhortó una vez más a los empresarios y a los trabajadores a "ponerle el hombro al país", acusándolos de tal modo de privilegiar sus propias prioridades por encima de las de la comunidad nacional. Asimismo, Cristina parece creer que los obreros argentinos viven mejor que sus equivalentes europeos, pasando por alto el hecho de que en muchos casos sus ingresos son inferiores a los percibidos por los desocupados del Viejo Continente.